La verdadera vida de los DJs
La verdadera vida de los DJs

La verdadera vida de los DJs

Cobrar mucho dinero por estar de fiesta. Así es como la sociedad suele percibir la actividad los DJ’s, un colectivo que despierta (despertamos) sentimientos muy encontrados. En estos siete años nos hemos topado con quien nos idolatraba, con quien nos respetaba y también con quien nos odiaba por “no tener talento” o “no hacer nada y aún así ser famosos”.

Si echas un vistazo a nuestras redes sociales o a las de nuestros compañeros, es totalmente entendible que creas que nuestra vida consiste en pegarnos desfase tras desfase y encima pasar por caja al final de la noche. Pero, realmente, no tiene nada que ver con eso.

Ser DJ también es hacerte una media de 6 horas de carretera al día durante un mes. O dos. O durante todo el año.

Ser DJ también es estar durante dos horas animando a desconocidos y transmitiendo una imagen de diversión constante, ya estés triste o estresado.

Ser DJ también es ver a tu pareja una vez cada dos semanas porque el resto del tiempo estás recorriéndote todo el país.

Ser DJ también es estar continuamente atento a qué se hace en el mundillo para permanecer relevantes. Porque creednos, en este mundillo la competencia es altísima.

Ser DJ también es dedicar los ratos que tienes entre fiesta y carretera a preparar sesiones, hacer campañas en redes sociales y concertar entrevistas con medios de comunicación.

Ser DJ también es coordinar a camareros, porteros, relaciones públicas y empresarios para sacar adelante un evento.

Ser DJ también es dejar el alcohol y hacer deporte a diario porque, de otro modo, tu hígado no dura más de 10 años.

Ser DJ también es hacer jornadas de 14 horas sin haber dormido el día anterior.

Ser DJ también es dedicar tu vida a un trabajo cuya estabilidad la deciden los gustos de la gente joven.

No somos tontos. Sabemos cómo están de jodidas las cosas -nuestros familiares y amigos están pasando por ahí- y nos sentimos más que afortunados por, en primer lugar, dedicarnos a lo que nos gusta; y en segundo, por no tener que preocuparnos a la llegada del fin de mes.

Pero aquí nadie regala nada. Pinchar música no es solo darle al play y pegar botes: es escuchar miles de canciones, captar qué ritmo pide el público en cada momento y así conectar con ellos.

Y ser DJ no es solo pinchar. Si fuera así, todo el mundo sería capaz de hacerlo y ningún empresario pagaría a alguien por simplemente “tocar unos botones”. Es crearte una imagen, saber cómo venderla y a quién, y desarrollarla diariamente.

La verdadera vida de los DJ’s no es (solo) lo que os mostramos en Instagram.  

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